El ruido del tren comienza a despabilar a los que recién suben a él. Son las cinco de la mañana, el silbido suena nuevamente y comenzamos a movernos lenta e inexorablemente por una vía sin fin.
Afuera está oscuro, los viajeros se miran con caras de interrogación y sonrisas nerviosas. El ruido de la maquinaria, en un inicio interesante y nuevo poco a poco se torna monótono.
La vía larga y curva, muestra un paisaje en penumbras y misterio. Comienzan a agotarse las pocas luces de la ciudad y la oscuridad se abre a un bosque tupido y continuo.
La penumbra desaparece, las figuras poco a poco comienzan a perfilarse, contornos que se dibujan hacen más claro el paso de una estela que corre en dirección contraria de la máquina.
Comienza a amanecer, las luces apuñalan las copas y las hojas de todo lo que nos rodea. El sol paciente avanza sin nada que lo detenga, aunque algunas nubes quieran alentar su caminar lento y continuo.
Aun sin sol se vislumbra con todo su potencial, los tonos rojizos se comienzan a distinguir en las simas de las montañas cercanas. Un morado celestial rodea el nacimiento del sol, y un azul oscuro comienza a retirarse del lado contrario del usurpador de la noche.
Por fin un rayo triunfante alarga su alcance de entre todo lo que rodea el paisaje. Uno tras otro los rayos surcan el cielo matinal rompiendo la oscuridad definitivamente. El espectáculo es pavorosamente hermoso, y es que el aire matinal, la lejanía de todo y la nueva sensación de principio hace que todo cobre una nueva tintura a la luz de la lejanía.
Estoy parado frente a una ventana de entre vagones, lo que se respira es una mezcla que contrasta el aire puro y el diesel quemado. Ese aroma áspero y duro que cimbra las fosa nasales y que no me abandonará en lo que resta del largo viaje en tren.
Es de mañana y la montaña se encarga de recordarme que no soy un lugareño. El frio que comenzó como una molestia, pasa a ser un golpe a mis dientes y a la frágil piel citadina que me acompaña. No me amilano y continuo viendo por el azul límpido y cristalino de una parte que el se humano ha tocado poco...muy poco.
He dejado de escribir, porque aunque ganas de pronto me invaden, otras veces me abandonan y algo me impide regresar a aceptar esto que me carcome siempre y que ya estoy harto de tratar de alejar. Quizás es mejor dejar que solo fluya aceptarlo y dejar que sea parte solo de mi.
Siempre luchar, de alguna manera, es mucho mejor dejar de ser...dejar de cambiar, transformarse, originar, avanzar y simplemente solo comenzar a fluctuar.
Como un profesional sobre una ola, donde no importa sobre cuanta cantidad e agua estés...donde no importa en realidad sobre que estés o como sea…Donde lo único que importa e remontar la ola
Cierro los ojos, sueño...sueño algo extraño acerca del mar y de grandes construcciones que sobrevuelo. Encuentro, descubro nuevas civilizaciones a ojo de pájaro. Soy omnipresente en el sueño, pero se quién soy y sé que hago...y sin embargo cubro, abarco y despliego mi área de influencia por el mar y tierra.
Me volteo y acomodo en el asiento del vagón. La luz ha a bordado el tren y todo lo que nos rodea. Intento conciliar nuevamente el sueño megalomaniaco. Un párpado se entreabre, se cierra nuevamente. Otro cambio de posición, acomodo de cuello. Es inútil, el sueño ha desaparecido en el aire puro de la montaña.
Me estiro y me pongo de pie sin pretender nada más que mirar un poco por la ventana. el sol sale precisamente del lado donde miro, lo que termina siendo una ventaja y una desventaja. El clima es agradable, será cosa del aire climatizado del vagón. Por fin me decido y me pongo de pie y camino al final del vagón.
El aire me da nuevamente en plena cara... y el olor de keroseno quemado vuelve a mezclarse con aire puro.
Uno tras uno de los durmientes pasan frente a mis ojos, los árboles se vuelven monótonos, y quizás esa característica sea la que los vuelve hermosos. Cada vez el paisaje es el mismo pero cambia perceptiblemente, poco a poco y constantemente. Cambia pero es el mismo. Continúo como los días aburridos de un trabajo y cambiante como una relación ininterrumpida.
Me gusta...aspiro el aire viciado e intensamente puro todo a la vez... lleno mis pulmones y de pronto me siento feliz.
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