miércoles, 7 de marzo de 2012

Noctámbulo

Noctámbulo.



La noche es obscura, la luna es clara, la maldad es mala y la bondad relativamente es buena. Casi todas las cosas están en su lugar, aunque algunas veces no lo parece.

 El sonido del despertador azul rompe la quietud de mi noche,  “tic, tac, tic, tac, tic, tac” suena rítmicamente mientras mis ojos cerrados observan imágenes de tiempos pasados. “Tic, tac, tic, tac”, dicta  el sonido, mientras observo como poco a poco se desvanece la imagen de él. “Tic, tac”.

 Su cabello es corto y escaso, delgado, de color gris y cano, nunca entendí como podía tener una barba tan cerrada, mientras que yo, lo único que conservo de esa barba es el recuerdo; “tic, tac, tic, tac”. Suena su voz ronca y firme mientras su mano se encuentra lista para hacer una caricia en mi cabeza. Esa misma mano que  dibuja borreguitos, perros y recuerdos en papel.

 “Tic, tac”. Que extraña es la vida, llena de incomprensiones e imprecisiones que nunca tenemos a bien a desmembrar y entender sus partes, “tic, tac”  el despertador azul continúa con su marcha, sin tregua, y sin pasión, solo se anima a decir con su monótona voz un tic seguido de un tac continuo y desangelado.

 La imagen se desvanece poco a poco,  el sonido aparece con mayor claridad, un pantalón café y una camisa a cuadros cruzan de repente por una visión que lentamente se desvanece. El sonido cada vez se engrandece más y nutre al siguiente “tic, tac”.

 Recuerdo la última vez que fuimos juntos al cine; recuerdo las mil y una formas que tenía de poder convencerlo de que un viaje al cine era mas importante de una tarea escolar, aun tengo presente la noche antes de...”Tic, tac”,  y vuelve a mi la sensación de abandono y tristeza que solo me proporciona la noche… “tic, tac”.

 El despertador azul apenas brilla en la oscuridad, sus números luminosos se aferran a una vida que con cada tic que parece terminar. Es pequeño, pero de tamaño suficiente para no sentir tranquilidad en una mano,  y mientras resplandece, el tac, trae una nueva oleada de recuerdos y dolores, de alegrías que no terminaron de ser.

 Él, está sentado en la orilla de la cama, me mira y me dirige una  breve sonrisa, da una última vuelta de cuerda al reloj azul y lo coloca donde la mayor parte del tiempo estuvo… a un lado de su cabeza, listo a rescatarlo de los sueños.

“Tic, tac”, la imagen se desvanece, la noche ahora me cubre por completo, aprieto con intensidad mi parpados, los ojos y algo moja mi almohada, no lo puedo contener, porque cada tic que resuena en mi cabeza trae a mi la última vez que ese despertador azul sonó para traerlo a mi, solo que esa última vez, no estuvo él para apagarlo.



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